“Para mí, la fotografía es situar la cabeza, el corazón y los ojos en la misma línea visual. Es un estilo de vida”
Henry Cartier-Bresson

martes, 10 de julio de 2012

El último Rafael

El templo del arte una vez más se supera. Alguien me dijo alguna vez que para conocer bien a un pintor tienes que estudiar la obra de su escuela, de esos discípulos que, contemporáneos al artista y bajo su tutela, supieron ver con otros ojos lo que el docente realizaba con maestría. Esa es la presión que me invade tras haber visto la excepcional muestra que expone el Prado hasta mediados de septiembre sobre los últimos años de Rafael, el pintor de Urbino que llevó el Renacimiento a las más altas cotas de clasicismo, hasta el punto de que su producción supondrá un antes y un después en el desarrollo del movimiento. La exposición, dividida en seis ámbitos, recorre temas clave para el autor y para sus pupilos, Penni y Romano. De esta manera, a modo de introducción ante el espectador aparecer los "Cuadros de Altar". La Madonna del pez se alza imponente junto a otras muestras de índole religiosa como la Visitación de Penni y Romano (un ejercicio teológico absoluto: María como primer sagrario y su prima embarazada de San Juan en un primer plano, mientras que al fondo se ve el bautismo de Cristo por su primo. Supone además de un guiño al apellido del comitente: Battista), en un derroche de mesura, color, línea, nitidez, equilibrio y paz. A continuación vendrán las "Vírgenes y Sagradas familias", tanto grandes como pequeñas, en las que destacaría la luz de algunas obras, la delicadeza de formas, la presencia prácticamente permanente de las ruinas como elemento contextualizador y la belleza en la representación de la figura femenina de más edad, en algunos casos Santa Ana y en otros Santa Isabel. Tras una sección dedicada a Romano, se abre la destinada a los retratos. Y qué decir. Qué si la Mona Lisa tiene misterio en sus facciones, el retrato de Castiglione tiene un atractivo en su mirada que hace que te paralices ante él. De nuevo la serenidad, el buen gusto, en una autentica prosopografia física y psicológica de un hombre afable, amigo del pintos. Esta capacidad se repite en la representación de los hermanos Médici: en uno se resalta la fuerza bélica, el ardor; mientras que el otro se representa con más suavidad, tranquilo, siendo un paralelismo con la iconografía de sus tumbas en San Lorenzo de Florencia: el vigor y la actividad bélica frente a la contemplación intelectual.
La última parte, dedicada a un exhaustivo estudio sobre la "Transiguración", quizás el punto discordante de la muestra, al estar en una sala separada del recorrido.
Como conclusión muy recomendable y todo un lujo poder contemplar la obra de este genio italiano entre las paredes del Museo del Prado.


"La visitación" Penni y Romano


Retrato de Castiglione, Rafael


Sagrada Familia de la Perla, Rafael



Detalle


Madonna del pez, Rafael


Viren Munro of Novar, Romano


Retrato de Bindo Altoviti, Rafael


Á

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